Desbloquea el audio

Rondalla del Cantarico I Fiestas de San Roque 1928

Fecha: 1928
Autor: Cándido Angosto Bayod
Cedida por: Conchita Izquierdo Querol

A principios de los años veinte, comenzó a actuar en Belmonte una rondalla local que llegó a alcanzar fama regional, tras su participación en una muestra folclórica de exaltación de la jota celebrada en Zaragoza, durante las fiestas del Pilar del año 1925. En la exhibición, conocida como la «Jota de Ronda», intervinieron las mejores agrupaciones de cuerda de la región y solo alcanzó una mayor popularidad la rondalla de Nuez de Ebro.
Tras el gran éxito cosechado, la «Rondalla del Cantarico» se mantuvo activa durante una década, actuando durante las fiestas patronales locales o en las de San Roque, de finales de los años veinte. En una de ellas, se hicieron esta fotografía en la plaza del «Solá», que aparecía publicada en el periódico zaragozano «La Voz de Aragón», el 23 de agosto de 1928. Entre los tocadores de la rondalla aparecen Alejandro Calvo, Vicente Querol, José Faci, Juan Manuel Izquierdo, Ángel Bas y Antonio Labrador a las guitarras, Melchor Mir y Federico Mínguez a las bandurrias, Enrique Marqués tocaba la mandolina y Ángel Martín el laúd.

El máximo inspirador y director de la rondalla fue Enrique Marqués Villanova, ebanista y excelente músico, el cual estudió estilo y talla en la escuela de artes y oficios de Zaragoza y completó su formación musical, duran te siete años, en el conservatorio de dicha ciudad. Su educación le permitió aprender a tocar numerosos instrumentos: violín, guitarra, laúd, mandolina, bandurria, guitarro, piano, acordeón y órgano, este último desde muy pequeño , puesto que Enrique procedía de una familia con amplia tradición musical, ya que su padre y su tío, Enrique y José Miguel Marqués Zurita, eran sobrinos del constructor de órganos y armonios Francisco Zurita Castelló, con el cual trabajaban conjuntamente y en cuya labor también acabó interviniendo el pequeño Enrique. Su tío, además, había estado en el seminario de Belchite y tenía amplios conocimientos de solfeo, siendo además un buen organista, por lo que el joven Marqués, que en 1925 tan solo tenía 21 años, tuvo una preparación musical excelente en todos los conceptos. Entre los tocadores de la rondalla estaban Alejandro Calvo Castelnou, Vicente Querol Andreu, José Faci Guiral, Juan Manuel Izquierdo Castell, Ángel Bas Esteban y Antonio Labrador Carbó a las guitarras, Melchor Mir Esteban y Federico Mínguez Pérez a las bandurrias, Ángel Martín Lorenzo y José Bayod Esteban tocaban el laúd y Agustín Bas Bayod, el «tío Basso» , acompañaba a los que tocaban los instrumentos de cuerda, soplando acompasadamente un cántaro de tierra para hacer los bajos, cuya presencia fue la novedad durante las actuaciones celebradas en Zaragoza, donde la prensa de la capital se hizo eco de «la aparición de aquellos maños con aquel instrumento de tierra desconocido» .
La rondalla llegó a tener otro tipo de instrumentos de acompañamiento como «hierros» y cucharas de madera, que tocaba muy bien Carmen Antolín Albiol.
Tal como había oído contar a su familia, Paz Martín, que acababa de nacer medio año antes, recordaba que el viaje hasta Zaragoza fue animadísimo. Tocadores, amigos y familiares se desplazaron conjuntamente en un camión de Joaquín Villanova Llonga, el «Cabañero», entre ellos su padre, su tía y su abuela, ya que su madre no pudo ir porque tenía que cuidar de ella.
No obstante, el buen ambiente traicionó al cantador ti tular y más famoso de la rondalla, Manuel Gascón Trallero, un sastre natural de Calanda que se había casado en Belmonte, en 1922, con Pelegrina Galve, hija de Luis Galve Gil, que era el herrero de la localidad. Gascón se entonó en exceso durante el viaje y se quedó «afónico» de tanto cantar, de forma que, al llegar a Zaragoza y tener que actuar la rondalla de Belmonte, tuvo que ser sustituido por el otro cantador local, que era Alejandro Calvo. Su hija María Dolores, aun mantiene fresco en la memoria un fragmento de la jota que cantó ese día su padre, que a decir de buena parte de los informantes locales, obtuvo ese segundo premio, tras los cantadores de Nuez, y hubiese alcanzado el primero de no mediar la desafortunada circunstancia citada. La jota decía así:
«En Zaragoza monté / en un tranvía eléctrico (acento cambiado a la letra «i») / y que me pareció a mí / al ver aquel cacharrico»136.
Las crónicas periodísticas de aquellas fiestas del Pilar del año 1925, informaron diariamente al público acerca de las actuaciones de las rondallas, describiendo con detalle los mejores momentos de la participación de las diversas agrupaciones musicales, incluyendo el buen hacer de los integrantes de la rondalla de Belmonte, que destacó, ciertamente, por la inconfundible y novedosa presencia, por las calles de Zaragoza, del singular tocador de cántaro que acompañaba a los instrumentos de cuerda.
El 26 de septiembre de ese año, se hacía público en la prensa zaragozana el programa de festejos de las fiestas del Pilar, que se iban a celebrar en breve en la capital aragonesa. Dentro del mismo, se incluía una actuación de las mejores rondallas y cantadores de los pueblos de la región, que estaba programada para los días 14, 15 y 16 de octubre.
El «Heraldo de Aragón» de esa fecha, exponía que el día 14 de octubre, «a las diez de la noche, desfilarán por la Plaza de la Constitución, interpretando típicos estilos de Jota Aragonesa, las mejores rondallas y cantadores de los pueblos de la región, distribuyéndose después por la ciudad». Al día siguiente, también por la noche, entre las diez y las doce, «las rondallas aragonesas, con sus correspondientes cantadores, recorrerán la población entonando típicos estilos de nuestro canto regional». Por último, el día 16 «de siete a diez de la noche, las rondallas aragonesas, con sus cantadores respectivos, recorrerán la población entonando alegres y variadas jotas»
Ya en plenas fiestas, el día 14 de octubre, se anunciaba nuevamente el programa de festejos para ese día y el siguiente, reiterando el mismo texto citado, situación que se repitió en los ejemplares del «Heraldo de Aragón» de los días siguientes.
La crónica de festejos del 15 de octubre de 1925, se hacía eco de las vistosas actuaciones de las rondallas en su apartado titulado: «La gran Jota de Ronda»:
«Fue un acierto de la Comisión de festejos el celebrar la Jota de Ronda, dándole el carácter más típico posible. En otras fiestas, se organizaba a manera de cabalgata, marchando los cantadores y rondallas sobre plataformas de tranvías. Anoche las rondallas iban a pie, distribuyéndose por toda la población. Mucho antes de la hora señalada, fue acudiendo público numeroso a la plaza de la Constitución, rodeando el tablado que se levantó al efecto en el centro de ella. En el palacio de la Diputación, se fueron reuniendo todas las rondallas que iban a tomar parte en el festival y a las diez de la noche comenzaron a interpretar la jota, tomando parte en el orden siguiente:
«La Infantil», rondalla compuesta de niños bajo la dirección de Augusto Soria, cantador Joaquín Numancia. Rondalla de «Urrea de Jalón», dirigida por Juan Latienda, cantadores Eufrasio Camardiel y Bruno Chueca. «Zaragoza», rondalla dirigida por Antonio Medrano, compuesta de 16 ejecutantes y de Casildo Clemente y Mariano Cebollero como cantadores.
«Los amantes de Teruel», rondalla turolense, bajo la dirección de Santiago Estévez. Cantadores, Cristóbal Sánchez y Juan Briz.