Casa Solariega de los Bosque

La población de Belmonte conserva un buen repertorio de edificios civiles privados de gran interés, cuyo origen se retrotrae, en algunos casos, al siglo XVI. Entre ellos destaca la Casa Solariega de los Bosque, situada en la “Plaza del Pilar” o del “Solá”, familia a la que perteneció el erudito local Joaquín Bosque Monreal, y que alberga un escudo cuya fecha se remonta al año 1539.

Es una edificación de grandes dimensiones y cuatro plantas. Su gran fachada se construyó en sillería y se articula en cuatro pisos, con amplios balcones al exterior y una galería aragonesa de arcos de medio punto bajo cubierta. Exento sobre la misma, existe un quinto cuerpo de forma cuadrangular, de unos cuatro metros de lado y con dos ventanas en cada uno, que está cubierto por un tejado con vertiente a cuatro aguas y cuya hechura se asemeja a un antiguo esconjuradero de tormentas. Interiormente, la peculiar y funcional construcción da luz a la elegante y trabajada escalera central de la casa, escondiendo una hermosa y magnífica cúpula, decorada con valiosas pinturas murales, probablemente barrocas, del siglo XVIII, que representan una alegoría de las cuatro estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno y los cuatro elementos clásicos de la naturaleza: agua, tierra, aire y fuego. El conjunto se completa con un elegante trampantojo central que simula un lucernario. El patio de la casona disponía antiguamente de un original pasillo de “roscones”, hechos con troncos de madera de olivo, que se situaban entre las losas de piedra del suelo y eran empleados para el paso de las caballerías hacia las cuadras.

Uno de los vanos abiertos en el primer piso de la fachada acoge todavía un pequeño y antiguo oratorio con un retablo dedicado a la Virgen del Pilar, el cual se puede contemplar al paso de las procesiones locales y cuyo acceso se efectúa desde el salón de la primera planta del edificio, a través de una bella puerta de madera tallada, siendo muy original el ventanuco de una alcoba adyacente, que permitía contemplar el altar desde la cama en casos de enfermedad. La advocación a la Virgen del Pilar ya se veneraba en la casa a fines del siglo XVIII, existiendo por entonces una capilla, en la planta baja de la casa, con un altar y una imagen de la Virgen, aunque sin licencia arzobispal para celebrar misa hasta 1788, año en el que fue concedida para veneración de la familia y culto del pueblo. A mediados del siglo XIX, la capilla oratorio existente entonces en el edificio seguía siendo pública y con la misma advocación, aunque posteriormente hubo que solicitar un nuevo permiso para celebrar, pues fue utilizada para usos impropios de un lugar sagrado, almacenando frutos del campo. La imagen fue tristemente destruida en 1936, aunque parte del retablo se salvó y se reubicó en el oratorio del piso superior, con una nueva efigie de la Virgen, donde permanece actualmente.